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Santiago Maestro Terraza

A la pata coja no intenta ser una obra moralizante, al menos así no fue concebida. Tampoco pretende perseguir la Perfección porque nadie es capaz de alcanzarla: piernas perfectas, pulmones perfectos, todo perfecto. ¿Cómo pretende seguirla nadie con cuernecillos llenos de achaques psicológicos e intolerancias y escaseces físicas?

La moraleja final no tiene más valor que el de poner fin a unos folios y a una idea. No es una pauta a seguir; es la metáfora lógica que se desprende de toda la obra. Para mi corto entender «una metáfora graciosa que no pretende otra cosa que la diversión de los sencillos, la risa de los sabios y la crítica destructiva de los listillos». 

 

Comedia en tres cuadros y un montón de pinceladas.

Las galletas del amor es un título que parece una abstracción, pero lleva dentro de sí una parodia importantísima acerca del despiste continuado de ciertos personajes que únicamente tienen en sus cabezas ecuaciones, fórmulas, etc., y que solo la utilizan para la resolución de los problemas que se plantean. Sí, esos a los que conocemos como genios, y que, en alguna ocasión, lo son.

Tomé de modelo un amigo con el que conviví durante tres años. Un personaje que, en el desconcierto más absoluto, va a buscar las zapatillas que lleva puestas, o deja las llaves del coche en los lugares más insospechados de la casa. Consecuencia lógica de que cuando las necesita nunca las encuentra. He dejado de mencionar cuando le daba por meter el cuchillo en el congelador o una lata de garbanzos debajo de su almohada.

En esta época laboral tan incierta, ¿quién no ha tenido la tentación de presentarse a unas oposiciones con el fin de conseguir un puesto de los llamados “para toda la vida”? En este país se nos distingue por ese sentimiento de hurgar en la intimidad del vecino para apañar la correspondiente crítica. Y el funcionario ha sido la profesión que mayores ataques ha sufrido. Y diciendo “funcionario”, englobamos a todo ser viviente relacionado laboralmente con el Estado o las CC. AA. Ahí están desde los administrativos (“vuelva usted mañana”), hasta médicos, maestros, policías, bomberos, etc., etc. Todos caben en ese grupo de trabajadores. Y como sus puestos son, de una u otra manera, de atención al público, las opiniones críticas corren por las casas como la pólvora. Y no es que yo entre a defender o a criticar a esas personas en las que hay de todo, como en todos los trabajos, pero sí que esta sátira sobre las oposiciones, está llena de crueldad. Las oposiciones para opositar, para que se tenga el derecho de volver a opositar, para intentar conseguir una plaza en la oposición final, es un juego de palabras como el que utilizó el afamado Groucho Mars: … la parte contratante de la primera parte será considerada la parte contratante de la primera parte… Se trata de una obra que pretende hacer reír y reflexionar al mismo tiempo, sobre un tema que afecta a miles de personas en nuestro país: las oposiciones.

Creo en la revolución de la mujer a título individual. Las asociaciones feministas radicalizan los problemas, nunca acuden a soluciones reales. Y los extremismos en este aspecto suspiran por la lucha abierta y sin cuartel, contra el hombre, contra un enemigo que es más fuerte y puede llegar a ser más extremistas que ellas. Al hombre no hay que combatirlo, hay que educarlo y aunque creo que la cosa está cambiando en estos tiempos, siempre se ha de tener presente que en los cuerpos masculinos todavía existen reminiscencias de una educación machista que puede salir al exterior en cualquier momento.
La obra es un consejo. Los costureros en este caso son el refugio de toda mujer que ha perdido la esperanza del triunfo de su propia revolución y no le ha quedado otro remedio que esconderse detrás de unas agujas de coser o un ganchillo.

El argumento es sencillo: cuatro mujeres de mediana edad, van a remolque de sus mayores y esconden su falta de capacidad para la rebelión individual tras un costurero nuevo que, poco a poco, irá envejeciendo al tiempo que sus ideas: y a ellas se une el protagonista que es un perverso locuaz. Al mismo tiempo, ve que la realidad social combate su particular manera de percibir sus propias realidades. Es un creador de sí mismo y un perfeccionista lleno de dudas. Lógicamente, el final no puede tener más sentido.

La venganza es un eco persistente que resuena en lo más profundo de las almas ofendidas. Se manifiesta como respuesta al dolor, la afrenta o la injusticia. Nos impulsa a actuar, a buscar desquite por el mal recibido, a calmar las llamas de nuestro ego herido.

Sin embargo, esta búsqueda de equilibrio se revela como una ilusión, un espejismo que no sana las heridas sino que las recrudece. No restablece la justicia, es más, la corrompe. No soluciona problemas, enredando las cosas de manera insufrible. La venganza, como el doble filo de una espada, hiere tanto a quien la empuña como a quien recibe la estocada física.

Somos testigos de cómo la venganza se entreteje con la comedia y la tragedia, donde el humor y el drama bailan una danza entrelazada, y el amor y el odio aprovechan para deslizarse en el escenario como sombras.

Los personajes, atrapados en un tejido de mentiras, engaños, traiciones y sorpresas, son los protagonistas de una narrativa que revela las máscaras caídas, las ilusiones desvanecidas y los destinos trágicos.

La Marmota es la protagonista de esta historia fundamentada en la escasa documentación que pude recoger en el Ayuntamiento de Almacelles, facilitada por sus regidores.

Se relatan, en estos textos dramáticos, unos hechos que bien pudieron suceder, de una u otra manera, más cercanos a la realidad de aquellos siglos o simplemente pueden deberse a esta imaginación tan despierta que me invade cuando me previene del interés que puede suponer una historia, sea del género literario que sea, de ahí mi producción. Y si no me creen como testigo tengo mi página web: https://www.santiagomaestro.com

Con ocasión de haber escrito los textos de los ya famosos Firals de Bellvís (L’Anella de Cal Buffalà), que dirigí en su estreno en 1997, al calor de su éxito, no pasó mucho tiempo para que se me tentara a hacer otro tanto con una parte pequeñita de la historia de Almacelles. Y aquí os presento realidad histórica adaptada al teatro y algo de ficción para fundamentar todo en ese dramatismo que observé en la documentación a la que ya he hecho referencia. Cosas interesantes que se pueden comprobar, como por ejemplo la moneda con la que se pagó la pertenencia de Almacelles a Lleida: “reales barceloneses”. En vosotros está, sobre todo en quienes sean curiosos, de investigar más sobre vuestros ancestros. De lo que se deduce entre líneas, únicamente podrás informarte si lees estos textos.

Una anciana rebelde se enfrenta a un público que se gana nada más empezar a hablar. Protesta por la sociedad en la que le ha tocado vivir. Está contra el trato que tiene con sus hijos y con los demás hijos, amenazando a todos los habitantes del globo con: ¡hijos sois, padres seréis!

Critica lo que hacen con sus nietos y dice que realizando la inversión para la celebración de sus cumpleaños a todo trapo, en un nuevo invento de salón de juegos, con payasos y mini bocatas, potencian que los críos pasen de la tarta al botellón, de la naranjada a la cerveza y de ahí, a cuestiones que a los padres no les interesa que se les miente.

Vamos, un caos que llevará a la juventud a dar saltos sociales imposibles para su musculación, para su preparación. Y, por supuesto, se pegarán unos talegazos que van a llevar escayolada el alma durante toda su existencia.

Se trata de un monólogo que traspasa del escenario a muchos abuelos, hijos y nietos que con toda probabilidad, estén viendo la función.

La Institución continuó en la plenitud de sus atribuciones hasta las Cortes de Tarazona de 1592, las que se constituyen debido principalmente a los sucesos conocidos como las Alteraciones de Aragón de 1591. En un reino instalado en la inestabilidad por toda suerte de querellas civiles; un bandolerismo endémico; la oposición al nombramiento por orden de Felipe II de un virrey no aragonés y el asunto del ex secretario real Antonio Pérez, huido de la cárcel de Madrid y refugiado en Aragón, todo ello sirvió de detonante de la crisis.

Antonio Pérez había sido condenado a muerte por el asesinato de Escobedo, secretario de Juan de Austria —hermano bastardo del Rey—. Pero huyó del castillo del conde de Puñoenrostro, donde estaba confinado y se refugió en Aragón, acogiéndose de inmediato al privilegio de Manifestación, por lo que de inmediato era recogido por el Justicia en la cárcel de Manifestados. Luego de poner al Rey contra las cuerdas, habiéndole declarado la guerra con el Justicia al frente del ejército aragonés, inducido por los nobles aragoneses, Felipe II se aseguró que aquello no volviera a suceder más. Mandó decapitar a Juan de Lanuza V el Mozo y, con él, también decapitó los Fueros aragoneses. Esta obra de teatro recoge estos últimos momentos.

Es una obra satírica que destila ingenio y crítica social. Con personajes vibrantes, diálogos ingeniosos y situaciones hilarantes, la obra nos invita a cuestionar las convenciones de la política, el deporte, el amor y la vida misma. En cada monosílabo estridente, encontramos una reflexión aguda sobre la naturaleza efímera y absurda de nuestras acciones y aspiraciones. La historia de «Calle, vida, banco, s/n» culmina con una metáfora impactante, un giro inesperado que revela la esencia de la obra de manera conmovedora. En medio de una comedia desenfrenada y su correspondiente sátira, se teje una trama simbólica que se manifiesta a través de un joven lector, el único ser al, por leer, es castigado con la muerte.

FIRMAS 2022

Día de San Jorge/Sant Jordi. Firmas en Zaragoza y en Lleida. 23 de abril de 2022

Pichorras se marcha de Pastriz hacia Madrid

 

Firmas de ejemplares en diferentes Ferias del libro de España

FIRMAS 2023

Gracias a todos los que pasaron por allí y se pararon a hablar conmigo. Muchas gracias a quienes me apoyaron al adquirir uno o ambos libros, que fueron bastantes.

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